Sé quién quieras ser


Lo que pienso de mí mismo se proyecta en lo que hago.

Sé quién quieras ser

Todos tenemos una larga lista de etiquetas sobre nosotros mismos que surgen en nuestra mente cuando nos enfrentamos a un desafío: cambiar de trabajo, mejorar una relación de pareja, cuidar la salud, hacer ejercicio…

“Soy demasiado tímido”
“No tengo constancia”
“Soy una persona muy impulsiva”
“Suelo ser demasiado perfeccionista”

Estas etiquetas condicionan la forma en la que nos percibimos frente a una situación y a su vez, condicionan la forma en la que actuamos para maniobrarla. Y probablemente, experimentaremos y confirmaremos -una vez más- lo que dice nuestra mente sobre nosotros mismos.

Nuestro cerebro responde a las situaciones conforme a las informaciones que le transmitimos -aun siendo inconscientes-, y éste puede llegar a ser nuestro mejor aliado así como nuestro peor enemigo. Y aquí radica la trampa: entrar en un bucle donde lo que pienso de mí mismo se proyecta en lo que hago.

¡Y así puedo seguir durante mucho tiempo acumulando experiencias que confirman que lo que pienso de mí es cierto! Pero.. ¿Es tan cierto como parece?

Lo que hago no es lo que soy.

Hace unos días, Alicia me comentaba que debido a su falta de constancia, no era capaz de sostener una dieta; sin embargo, también me “aclaraba” que en su juventud, había sido capaz de trabajar durante toda su carrera para costearla…

Los comportamientos son las respuestas circunstanciales que desarrollamos para hacer frente a una situación determinada. Todos tenemos la capacidad para desarrollar respuestas distintas según las circunstancias. Entonces, si me defino en base a lo que hago, todo depende de dónde pongo el foco: ¿en aquellas experiencias que han salido bien? o ¿en aquellas que confirman la etiqueta que me he puesto por encima?

En el interior de cada uno se halla la semilla de nuestro futuro.
Cris Bolívar

Lo que creo que soy, tampoco es lo que soy.

Si no soy lo que hago, entonces ¿quién soy? ¿Realmente soy esa persona que se empeña en ser en el trabajo, con mi familia, con mis amigos, enseñándoles la cara que me parece oportuna según las circunstancias? ¿O soy lo aquel que mis amigos, familiares y compañeros de trabajo ven de mí?

Vayamos más allá: ¿soy lo que “sé” de mí y que intento ocultar a los demás detrás de una máscara para poder protegerme?

La máscara se forja a base de todas aquellas creencias o etiquetas que hemos adoptado a lo largo de nuestra vida sin cuestionarlas. Refleja el cómo nos habla nuestro “juez interior”, el mismo que nos valora por aquellos criterios que nos llegan del exterior: “tienes que hacer esto”; “deberías actuar de esta forma; “hubieras tenido que”, etc.

De estas creencias surgen gran parte de los bloqueos que encontramos para enfrentarnos con confianza y seguridad a nuestras metas. Y si empezaras, como Alicia, a cuestionar lo que crees saber de ti…

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¿Qué hay detrás de la máscara?

Reflexiona un momento, céntrate en el ahora y escucha tu voz interior. (Y no me refiero a esa voz interior que se aloja en tu mente y analiza sin parar lo ocurrido o lo que podría ocurrir según el filtro de tus creencias)

Aparta de tu mente todos aquellos prejuicios que te limitan y pregúntate sinceramente cuáles son tus valores, tus deseos, tus necesidades, tus prioridades y tu fuerza.

Y si aquellos prejuicios persisten, entonces atrévete a preguntarte a ti mismo la verdadera naturaleza de éstos y escucha si algo resuena en ti que te dice algo distinto…

Puedo ser quién quiero ser.

Aparta los prejuicios y se benevolente contigo mismo/a.

Desgraciadamente, desde la infancia aprendemos a poner el foco de nuestra atención en el fracaso sin darnos la oportunidad de aprender de nuestros errores. La perspectiva del fracaso nos lleva a juzgarnos y nos encierra en aquellos prejuicios negativos.

Ser benevolente contigo mismo/a consiste, en primer lugar, en aceptar “lo que hay” sin juzgarte. Sólo entonces podrás esforzarte en encauzar aquello que “no te sale bien”.

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Si me veo como un patito feo, me comportaré como un patito feo. Si me veo como un cisne, me comportaré como un cisne. Recuerda: el cerebro responde a las situaciones de acuerdo al filtro de nuestras creencias.

Si quiero respuestas distintas, necesitas empezar a cambiar algo en tus creencias que fundamentan tu percepción de tu identidad.

¿Qué sería para ti verte como un cisne? ¿Cuál sería el primer paso?

Actúa ya para ser quién quieres ser.

Si sientes que es el momento de abrirte al mundo, de actuar con constancia y coherencia, de controlar tu impulsividad, de actuar sin buscar la eterna perfección, de confiar en los demás sin necesidad de protegerte, de poder alcanzar tus metas…

Entonces asume la responsabilidad de un verdadero cambio en tu vida porque nadie lo hará por ti.

Aparta las etiquetas y creencias ya obsoletas sobre ti y descubre quién eres de verdad para poder enfrentarte a tu vida desde una nueva perspectiva.


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